A los quince años, Alina, huérfana de madre, tiene pocas herramientas para enfrentarse al proceso de madurez. Su hogar desde la infancia ha sido un centro de menones tutelados, un sistema saturado que ha tratado con la mejor de las intenciones de brindarle consuelo, pero que ha terminado por agorrotar su identidad al reducirla a un cúmulo de observaciones anotadas en expedientes psiquiátricos.
Este es el relato de las vacaciones de verano que se convertirán en la borrosa frontera que la llevarán a explorar su personalidad, a luchar por hacer lo correcto. Un punto de inflexión ambientado e un bosque, testigo silencioso de la fábula universal del miedo que supone dejar atrás con sus compañeros del centro, jóvenes melancólicos y trágicos como ella, ávidos, como cualquier adolescente, por sobrellevar la realidad, necesitados al fin y al cabo de un entorno controlado que les garantice la supervivencia y les brinde un poco de afecto.
Esta historia va sobre ellos: los observadores y señalados con la etiqueta de <